Yo te invoco porque tú me respondes, Dios mío; atiéndeme y
escucha mis palabras. Cuídame como a las niñas de tus ojos y cúbreme bajo la
sombra de tus alas.
Ego clamávi, quóniam exaudísti me, Deus; inclína aurem
tuam, et exáudi verba mea. Custódi me, Dómine, ut pupíllam óculi;
sub umbra alárum tuárum prótege
me.
Oremos:
Señor, que tu gracia no nos abandone, para que, entregados plenamente a tu
servicio, obtengamos siempre tu ayuda.
Por nuestro Señor Jesucristo...
Amén.
Acepta, Señor, nuestro corazón adolorido y nuestro
espíritu humillado
Lectura del libro del profeta Daniel
3, 25.34-43
En aquel tiempo, Azarías oró al
Señor así:
"Señor Dios nuestro, por tu nombre, te lo pedimos: no nos abandones para
siempre, no rompas tu alianza, no nos retires tu amor. Por Abrahán, tu amigo,
por Isaac, tu siervo, por Jacob, tu consagrado, a quienes prometiste
descendencia numerosa como las estrellas del cielo, como las arenas de la playa
del mar.
A causa de nuestros pecados, Señor, somos hoy
Pero tenemos un corazón contrito y humillado; acéptalo como si fuera un
holocausto de carneros y toros, de millares de los mejores corderos. Que éste
sea hoy nuestro sacrificio ante ti, y que te sirvamos fielmente, pues no
quedarán defraudados quienes confían en ti.
Ahora queremos seguirte con todo el corazón, queremos serte fieles y buscar tu
rostro. No nos defraudes, Señor; trátanos conforme a tu ternura, según la
grandeza de tu amor. Sálvanos con tu fuerza prodigiosa y muestra la gloria de
tu nombre".
Palabra de Dios.
Te alabamos, Señor.
Salmo Responsorial
Sal 24, 4bc-5ab.6-7bc.8-9
Señor, recuerda tu misericordia.
Reminíscere miseratiónum tuárum, Dómine.
Muéstrame, Señor, tus caminos, muéstrame tus sendas. Guíame en tu verdad,
enséñame, pues tú eres el Dios que me salva.
Señor, recuerda tu misericordia.
Reminíscere miseratiónum tuárum, Dómine.
Acuérdate, Señor, que tu ternura y tu amor son eternos; acuérdate de mí por tu
amor, por tu bondad, Señor.
Señor, recuerda tu misericordia.
Reminíscere miseratiónum tuárum, Dómine.
El Señor es bueno y recto; señala el camino a los pecadores, guía por la senda
del bien a los humildes, les enseña su camino.
Señor, recuerda tu misericordia.
Reminíscere miseratiónum tuárum, Dómine.
Aclamación antes del Evangelio
Honor y gloria a ti, Señor Jesús.
Todavía es tiempo, dice el Señor. Arrepiéntanse de todo corazón y vuélvanse a
mí, que soy compasivo y misericordioso.
Nunc ergo, dicit Dóminus, convertímini ad me in toto corde vestro,
quia benígnus et miséricors sum.
Honor y gloria a ti, Señor Jesús.
Evangelio
Si no perdonan de corazón a su hermano, tampoco el Padre celestial los perdonará a ustedes
† Lectura del santo Evangelio según san Mateo
18, 21-35
Gloria a ti, Señor.
En aquel tiempo, acercándose Pedro a Jesús le preguntó:
"Señor, ¿cuántas veces tengo que perdonar a mi hermano cuando me ofende?
¿Siete veces?"
Jesús le respondió:
"No te digo siete veces, sino setenta veces siete".
Y les propuso esta parábola:
"El Reino de los cielos se parece a un rey que quiso ajustar cuentas con
sus empleados. Al comenzar a ajustarlas, le fue presentado uno que le debía
diez mil talentos. Como no podía pagar, el rey mandó que lo vendieran a él, a
su mujer y a sus hijos, para pagar
"Ten paciencia conmigo y te lo pagaré todo".
El rey tuvo compasión de aquel empleado, lo dejó libre y le perdonó
"Págame lo que me debes".
El compañero se echó a sus pies, suplicándole:
"Ten paciencia conmigo y te lo pagaré".
Pero él no quiso, sino que fue y lo metió en la cárcel hasta que le pagara la
deuda.
Al verlo sus compañeros se disgustaron mucho y fueron a contar a su rey todo lo
ocurrido. Entonces el rey lo llamó y le dijo:
"Siervo miserable. Yo te perdoné toda aquella deuda porque me lo
suplicaste. ¿No debías haberte compadecido de tu compañero como yo me compadecí
de ti?"
Entonces el rey, muy enojado, lo entregó para que lo castigaran hasta que
pagara toda la deuda.
Lo mismo hará con ustedes mi Padre celestial si no se perdonan de corazón unos
a otros".
Palabra del Señor.
Gloria a ti, Señor Jesús.
Concede, Señor, que este sacrificio nos purifique de nuestros
pecados y nos obtenga la ayuda de tu poder.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
Amén.
La penitencia espiritual
En verdad es justo y necesario, es nuestro deber y
salvación, darte gracias siempre y en todo lugar, Señor, Padre santo, Dios
todopoderoso y eterno.
Porque has establecido generosamente este tiempo especial de gracia para
renovar en santidad a tus hijos, de modo que, libres de todo afecto
desordenado, vivamos las realidades temporales como primicias de las realidades
eternas.
Por eso,
con todos los ángeles y los santos, te alabamos, proclamando sin cesar:
[Misa]
Señor, ¿quién puede hospedarse en tu casa y descansar en tu monte santo? El que
procede honradamente y practica
Dómine
Oración después de la Comunión
Oremos:
Que nuestra participación en este sacramento, Señor, renueve toda nuestra vida
y nos alcance tu perdón y tu ayuda.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
Amén